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Excavaciones del equipo de arqueología de la Universidad de Luján Foto: Museo de la Batalla de Obligado

Excavaciones del equipo de arqueología de la Universidad de Luján Foto: Museo de la Batalla de Obligado

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El pasado 23 de Febrero el “La Nación” publicó una nota sobre los halazgos arqueológicos encontrados en Vulta de Obligado. A continuación se detalla la misma.

Hallazgo / En el partido de San Pedro
Desentierran objetos de la batalla de Vuelta de Obligado

Luego de una intensa lluvia, en los primeras días de este mes, un vecino del pueblo de Vuelta de Obligado, partido de San Pedro, vio que asomaba del suelo un metal oxidado y comenzó a desenterrarlo. Gastón Salomón, sereno del Museo Histórico de la Batalla de Obligado, encontró un fragmento de bala de este enfrentamiento a 300 metros del río Paraná.

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Hoy día, Vuelta de Obligado es una localidad de aproximadamente 220 habitantes. Allí, el 20 de noviembre de 1845 la Confederación Argentina, liderada por Juan Manuel de Rosas, enfrentó a una escuadra de buques anglo-francesa que irrumpió en aguas argentinas con el pretexto de lograr la paz entre Buenos Aires y Montevideo, aunque en realidad buscaba establecer lazos comerciales con las provincias del Norte y conseguir el libre tránsito por el Río de la Plata y sus afluentes.

En la parte más estrecha del Paraná, el general Lucio Mansilla, que comandó el ejército criollo, tendió tres hiladas de gruesas cadenas apoyadas en 24 lanchones para detener el paso de los buques. La batalla duró unas nueve horas y tuvo saldo desfavorable, dada la superioridad del enemigo.

José Luis Aguilar, director de Cultura de la municipalidad de San Pedro, explicó a LA NACION que el pueblo de Vuelta de Obligado “está armado sobre lo que fue el campo de batalla”. Apenas unos días después del hallazgo de la bala, Javier Salomón, primo de Gastón, halló una hoja de bayoneta cerca de la costa.

“La bayoneta está muy carcomida. Era de 50 centímetros y conserva unos 30”, contó Aguilar. Aunque es de origen inglés (la hoja correspondía a un fusil India Pattern Brown Bress, que disparaba proyectiles de plomo de 19 centímetros), no se puede determinar si perteneció al ejército criollo o al anglo-francés. Según Aguilar, durante las Invasiones Inglesas (1806-1807) se secuestraron armas del enemigo y algunas de ellas estuvieron en el ejército de Rosas. “Debe haber habido armas de fabricación inglesa en esta batalla. En aquella época la fabricación de armas era muy rudimentaria en el país”, agregó.

En cambio, el fragmento de bala era de los anglo-franceses. Desde sus morteros navales, arrojaban estas balas de 38 kilos y 30 centímetros de diámetro. Había dos tipos: unas explotaban contra el suelo, y las otras, en el aire. Estas últimas causaban grandes destrozos, ya que invadían el campo de batalla con incontables fragmentos metálicos. Aguilar reconoció que no se puede saber a qué clase de bala pertenece la parte hallada, porque cuando explotaban “reventaban en pedazos” y es necesario dar con alguno que tenga el detonador.

Aguilar también contó que están estudiando un madero que otros pobladores acercaron en los últimos días, que podría ser parte de la borda de uno de los buques.

“El nuestro es un museo de sitio, una única sala con un valor muy grande, porque está hecha justo donde tuvo lugar la batalla”, dijo Aguilar.

El Museo Histórico Batalla de Obligado se inauguró el 22 de noviembre último, con la ayuda de la Dirección de Cultura y del Grupo Conservacionista de Fósiles de San Pedro. Pero desde hace cuatro o cinco años un equipo de arqueología de la Universidad Nacional de Luján está haciendo excavaciones en el escenario de la batalla.

Entre los objetos que hoy atesora este joven museo se encuentran botones de uniformes criollos, lanzas, balas, zunchos metálicos de los barriles de pólvora y muchas botellas de cerámica que contenían ginebra. “No era nada fácil estar en la línea de batalla frente a un enemigo tan superior. Entonces les daban a los soldados mucha ginebra para armarlos de valor”, concluyó Aguilar.

Julia Raggio

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INVESTIGACION HISTORICA: FUE UNA CELEBRE BATALLA, LIBRADA CONTRA LA FLOTA ANGLOFRANCESA
Buzos y arqueólogos buscan restos de la Vuelta de Obligado

La batalla tuvo lugar en 1845. Ahora, un grupo de arqueólogos busca vestigios del combate en aguas del Paraná y en sus costas. Su objetivo es eliminar las contradicciones que subsisten en los relatos de la batalla

ROXANA FERNANDEZ
Era el 20 de noviembre de 1845, en la Vuelta de Obligado. La niebla se despejó a las 8 mientras corría una suave brisa del sur. Pasó algo más de una hora y la batalla se desplegó con furia. Antes, las tropas argentinas en tierra entonaron el Himno Nacional. Más allá de la costa, en el río Paraná, la flota anglofrancesa lanzaba municiones sobre las baterías terrestres para abrirse camino. El paso había sido cerrado con cadenas gruesas y embarcaciones armadas con cañones. Pero aquellas defensas resultaron inútiles.

Ahora, en el escenario de la batalla algunas placas y monolitos recuerdan el enfrentamiento argentino con la flota anglofrancesa. También hay un camping municipal y un equipo de arqueólogos que busca rastros de la batalla.

Junto a historiadores, geógrafos, arquitectos, antropólogos, estos especialistas realizan el primer estudio arqueológico interdisciplinario sobre un campo de batalla.

“La historia nos muestra información contradictoria: no hay coincidencias acerca del número de bajas o la munición utilizada. Además, hay aspectos de la batalla no muy bien conocidos. Nos preguntamos, por ejemplo, cuáles fueron los límites terrestres y acuáticos del sitio en el que se produjo la batalla, cómo fue realmente la estrategia de la flota anglofrancesa”, explica Mariano Ramos, director del proyecto de investigación.

Los arqueólogos creen que las respuestas se encuentran bajo tierra o sumergidas en las aguas oscuras del río Paraná. Mientras un equipo remueve tierra, otro se lanza a bucear.

En uno y otro medio, los arqueólogos —que cuentan con el apoyo académico y financiero del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad de Luján— esquivan dificultades para avanzar en su búsqueda.

Los buzos-arqueólogos, por ejemplo, están cegados: a más de un metro de profundidad el Paraná se torna una masa oscura. Los ojos son inútiles y las manos se convierten en la única guía para la exploración subacuática.

“El sitio de la batalla fue usado en forma integral: la división entre los espacios terrestre y acuático no se registró en la acción bélica de 1845”, dice Javier García Cano, de la Fundación Albenga y uno de los directores del área de arqueología subacuática.

Con su equipo también trabajan buzos de la Armada Argentina. Ellos se sumergen primero. Para guiar los recorridos tiran cabos perpendiculares a la costa y realizan una “exploración amplia”, explica García Cano.

Una vez cubierta el área de investigación, bajan los buzos-arqueólogos con equipos especiales para, por ejemplo, tomar mediciones, señalar sitios subacuáticos con potencial arqueológico y realizar mapeos del lecho.

Las difíciles condiciones de trabajo que impone el río —hay sectores con profundidades que superan los 40 metros y otros donde el barro del lecho “parece no tener fin”, describe García Cano— son un obstáculo que podría saltearse con un sonar de barrido lateral.

Búsqueda a ciegas

Este equipo traduce señales acústicas subacuáticas en imágenes: así, por ejemplo, los restos de una embarcación podrían verse en la pantalla de una computa dora aún con las sombras que proyectan sobre el fondo.

Pero en la Argentina no hay equipos de este tipo. Por eso, los arqueólgos esperan “conseguir algún tipo de apoyo para obtenerlo y continuar la investigación”.

En tierra, la búsqueda arqueológica está ubicada en los lugares donde en 1845 se instalaron dos de las cuatro baterías de artillería argentinas.

Los sitios de excavación —en los que también trabajan estudiantes de las universidades nacionales de Luján, Buenos Aires, La Plata y Rosario— están marcados, en forma de cuadrícula, con hilos y estacas.

La tarea es lenta. Estos arqueólogos utilizan únicamente espátulas, cucharas y cucharines.

“Con este tipo de técnica, llamada microestratigrafía, se reduce la probabilidad de daño a materiales de valor arqueológico”, explica Ramos mientras los estudiantes cargan baldes de tierra y remueven el pasto con pequeñas espátulas.

Luego colocan la tierra sobre una zaranda, una especie de colador rectangular. Después de algunas sacudidas, los fragmentos de objetos que podría haber en la tierra quedan contenidos por la malla metálica.

Cuando termine la búsqueda, advierte Ramos, los sitios de excavación serán tapados “para evitar cualquier tipo de accidente”.

Esta primera etapa de excavaciones estará terminada en una semana. Para entonces, los arqueólogos esperan dar con vestigios de la batalla de la Vuelta de Obligado: restos de las cadenas con las que se intentaron frenar el avance de la flota anglofrancesa, fragmentos de municiones, armas y embarcaciones.

Estos rastros arqueológicos podrían ser la clave para que el relato histórico se libere de imprecisiones y contradicciones.

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